Varios han sido los personajes históricos aragoneses que han resultado vinculados con la Masonería sin fundamento alguno y muchas las fabulaciones vertidas al respecto. Han sido los excelentes trabajos del profesor de la Universidad de Zaragoza y miembro de la Real Academia de la Historia, José Antonio Ferrer Benimeli, los que han contribuido a dar una visión llena de justicia y alejada de mitos y mentiras sobre la Masonería. Ni el Conde de Aranda fue Gran Maestre Masón, ni el ministro de Gracia y Justicia, Manuel de Roda, y el embajador José Nicolás de Azara pertenecieron a la institución. Solo guiándonos por estudios académicos e investigaciones científicas podemos dar un relato veraz de la Francmasonería aragonesa.

Para poder hablar de la implantación en el territorio aragonés de esta institución conviene situar su llegada al contexto español. Ésta se produce en Madrid en el año 1728, momento en que se funda la logia “Matritense” en el Hotel de las Tres Flores de Lys, constituyendo la primera fundación de la Masonería en España. Prohibida más tarde por el rey Fernando VI siguiendo los deseos de la Inquisición, no volvería a instalarse en el país hasta la llegada de la invasión francesa y el dominio bonapartista.

librepensamiento

Con la llegada de las tropas napoleónicas, se implanta en España una masonería de corte estatal, pensada para difundir los altos valores de la revolución francesa, los derechos del hombre y ciudadano, y ya de paso realizar la labor de propiciar la buena imagen del gobierno extranjero. Es en este contexto en el que funda la primera logia en Aragón en 1812, “San Juan de la Unión Sincera” en la ciudad de Zaragoza. Integrada por miembros de las tropas napoleónicas instaladas en la zona, su recorrido fue muy corto ya que, por causas del curso de la guerra, se retiró en 1813 junto al ejército, al otro lado de los Pirineos.

La vuelta a España de Fernando VII significó, a pesar de las esperanzas de los liberales, una vuelta al férreo sistema del Antiguo Régimen, donde la Masonería no tenía cabida. Perseguida de nuevo, no consiguió reponerse durante el reinado de Isabel II y el ascenso de los liberales al poder. Solo encontraría un retorno fiable con la llegada del llamado Sexenio Democrático, inaugurando un tiempo de bonanza para su actividad que se extendería más allá, por los reinados de Alfonso XII, Alfonso XIII y la Segunda República Española hasta la Guerra Civil. En este período comprendido entre los años 1869 y 1936 encontramos en Aragón unas 25 logias y varios triángulos (protologias), principalmente en las provincias de Zaragoza y Huesca.

Destaca en la capital aragonesa desde 1869 la logia “Caballeros de las Noche nº 68”, la cual contó entre sus 133 miembros con el prestigioso científico Santiago Ramón y Cajal, con una interesante actividad de opinión en pro de la paz con respecto a las atrocidades cometidas por el dominio turco en la zona balcánica. También en Zaragoza, a partir de 1870 encontramos la logia “Almogávares nº 10”, cuya intensa labor de difusión de la masonería llegó a crear triángulos en Canfranc y Huesca, y en 1888 a “Luz y Trabajo nº 39”, la cual editó la revista masónica “La Acacia”, conocida por su difusión del librepensamiento. En el resto de la provincia de Zaragoza encontramos una importante actividad masónica en la zona de Calatayud con la logia “Hijos de Almogávares nº 42, creada en 1891, la cual fundó triángulos en Ateca, Alhama y Velilla.

En la provincia de Huesca podemos ver en el último tercio del siglo XIX las logias “Pirenaica Central nº 74” en Jaca y “Lanuza nº 161” en Huesca ciudad, consolidando así una actividad masónica bastante consistente en el norte aragonés. No obstante, si hay una logia oscense digna de mención es “Luz de Fraga nº 55”, asentada en 1886 en la misma ciudad de su nombre, capital de la comarca del Bajo Cinca. Formada por hombres de gran cultura y valores, fue conocida por combatir el fanatismo religioso, que tan instaurado estaba en la zona, y promover la dignificación de la condición humana y conciencia caritativa. Entre sus medios de difusión contaron con diversas conferencias científicas, políticas y sociales, cuyo objetivo era promover los valores del librepensamiento, realizadas en el casino Progreso, fundado por la propia logia. También consiguieron editar el periódico “La Maza” y la reforma de diversos aspectos cívicos de la ciudad y sus servicios a través de la acción municipal.

Con respecto a Teruel solo tenemos noticias de la logia “Antorcha nº 263”, la cual, creada en 1889, llegó a tener hasta 17 miembros hasta su pronta disolución, tan solo un año más tarde.

Ya en el siglo XX hay que mencionar a la logia “Constancia”, la cual operó en dos intervalos de tiempo: entre 1914 y 1919 y también de 1931 a 1936. Fue conocida por su vitalidad en el tratamiento de temas como la guerra, la pena de muerte, la enseñanza, la cultura y la mujer, con un recuerdo especial al capitán Fermín Galán, llamado Hermano Vigor, fusilado por ser uno de los instigadores de la sublevación de Jaca en favor de la República en 1930.

Con el golpe de estado del 18 de Julio de 1936 se inicia una represión a la Masonería que podemos tildar de brutal. Los postulados del bando sublevado, que situaban a los masones, junto con judíos y comunistas en el blanco de todos sus odios, se impusieron en las provincias aragonesas y, salvo los pocos que pudieron exiliarse, llevaron al fusilamiento a la práctica totalidad de sus miembros. Entre los miles de asesinados, víctimas de la represión franquista, se encuentran, engrosando las listas, los masones de Aragón.

Es así como acaba la etapa de esplendor de la Masonería aragonesa entre los siglos XIX y XX. Prohibida por la dictadura franquista, solo pudo regresar al territorio español, y por lo tanto a Aragón, en los albores de la democracia, iniciando una andadura llena de nuevos horizontes y retos.