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Hermanos, no extraños

Hermanos, no extraños

En los siglos XVIII y XIX, la Masonería ofrecía al trabajador itinerante dos ventajas invaluables: seguridad en caso de percance durante el viaje, y el acceso fraternal a aquellos que podrían ayudar a asegurar el éxito del mismo.

Como decía un anuncio de The Cosmopolitan Masonic Calendar, encontrarían "hermanos" y no "extraños" en los lugares más remotos.

Pero hay más: en el oeste de Cornualles, existía la mejor información sobre lo que estaba sucediendo en los distritos mineros en desarrollo de todo el mundo, mejor que la que se conocía en la Bolsa de Valores de Londres o en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Las constantes idas y venidas de capitanes de mar y mineros masones a todos los rincones del mundo, armaban a los masones emigrantes potenciales con información confiable sobre los mercados laborales y los mejores viajes: los hermanos que ya habían viajado ayudaban en la recepción y garantizaban la llegada de los que se disponían a emigrar. Las logias de Cornualles desempeñaban ese papel a principios de siglo, mucho antes de que el sistema londinense de "logias imperiales" comenzara esa labor después del 98.

El viaje por el largo camino de esta “hermandad-fraternidad”, fue iniciado por los canteros en el siglo XVII (Barroco), ampliando gradualmente su abrazo a todos los intereses artesanales, comerciales y profesionales locales a fines del siglo XVIII y XIX.

granada

Granada, imagen de Adolfo Moreno García

En los últimos años, la Masonería se ha centrado, casi por completo, en lo social-esotérico, temas cerrados e introspectivos porque la tecnología y la intervención de los gobiernos ha hecho que muchas de sus actividades anteriores sean irrelevantes.

Pero, ¿es ahí donde debería deternerse la evolución? En cualquier momento de la historia, los contemporáneos tendemos a ver el pasado como una progresión inevitable hacia un punto actual de verdad y permanencia. Podemos equivocarnos...

La evolución continúa y la Masonería debe cambiar, y cambiará, si quiere avanzar. Sí, la Institución conservará su identidad sin alejarse de sus principios fundacionales originales: esos principios que indican que cada masón tiene la obligación de ayudar a sus hermanos lo mejor que pueda.

Este compromiso deriva de los antiguos gremios de masones operativos, sustentando un concepto de supervivencia y progreso del individuo a través del apoyo comunitario, una especie de garantía corporativa para las personas y sus familias, en un mundo conflictivo y de riesgo.

Nos referimos a aquello que los teóricos sociales denominan reciprocidad.

cadena union

Desafortunadamente, la importancia de ese compromiso se ha ido erosionando gradualmente. En primer lugar, porque los nuevos sistemas de transporte y comunicaciones ponen a unas personas en contacto con otras personas que apenas conocen, instantáneamente. También se debe al temor al oprobio social. Otra razón es que los compromisos de altruismo y filantropía personales se han "subcontratado" a las grandes instituciones. Si bien éstas, sin duda, desempeñan una función magnífica, recaudando mucho más dinero de lo que jamás podría lograr una Logia individual, han producido una desconexión entre el filántropo y el receptor.

La Fraternidad y la Filantropía han sido anonimizadas. A veces, parecen haberse convertido en un "impuesto" recaudado en ciertos periodos anuales. ¿Es hora de volver a enfatizar este principio originario de la Masonería?

La R.·.L.·. Librepensamiento está orgullosa de los valores perdurables que se muestran en los orígenes de la Masonería y se compromete en reavivar la Fraternidad y la Filantropía en y desde su Taller.

donante receptor

Una actividad sobre cooperación al desarrollo. / Farmamundi.