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Dudo, luego pienso

Dudo, luego pienso

 Hablemos de la duda como espíritu crítico, aquel que permite distinguir lo verdadero de lo falso, mediante la profundización y el conocimiento. ¿Y dónde está el espíritu crítico?  ¡No se encuentra, se cultiva!

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 Imagen: filco.es/elogio-de-la-duda/

“El pensamiento crítico es el deseo de buscar, la paciencia para dudar, el gusto por meditar, la lentitud para afirmar, la disposición a considerar, el cuidado para disponer y poner en orden; y odio por toda clase de imposturas”. —Francis Bacon, filósofo.

“Supuse que todos los objetos que alguna vez habían entrado en mi mente cuando estaba despierto, no tenían en ellos más verdad que las ilusiones de mis sueños. Pero inmediatamente después de esto, observé que, si bien deseaba pensar que todo era falso, era absolutamente necesario que yo, que así pensaba, fuera algo; Y como observé que esta verdad, pienso, luego existo, era tan cierta y de tal evidencia que ningún motivo de duda, por extravagante que fuera, podía ser alegado por los escépticos capaces de sacudirla, llegué a la conclusión de que podría, sin escrúpulos, aceptarlo como el primer principio de la filosofía que estaba buscando". Descartes

Hay copiosa pureza en el “pienso, luego existo” de Descartes; es breve y dulce, lo que permite a cualquiera de nosotros pronunciar la frase con parsimoniosa satisfacción.

Sin embargo, se dice que la cita inicial agrega un preámbulo vital, durante el cual primero expresa la duda. Un tipo de duda que presumiblemente subyace en nuestra existencia, y una vez cruzado ese puente, podemos afirmar que esto establece que podemos pensar, y, finalmente, podemos proceder a poner la guinda del pastel proverbial afirmando que, debido a esas proposiciones que lo componen, debemos existir.

Sin embargo, la duda en gran parte de los escritos de Kierkegaard, es la inspiración para la fe. Ilustrando la duda en términos de suspensión de la totalidad, la negación de la certeza y la reflexión subsiguiente, en sus obras “Miedo y temblor” y “Fragmentos considera cómo los individuos pueden aprender sobre la fuerza de su propia contingencia personal dentro de las competencias de estructuras y sistemas preexistentes.

Pensar es una cosa y existir en eso que se piensa es otra muy distinta. Respecto a pensar, existir es una nimiedad, es tan poca cosa que cae en lo irreflexivo. Mediante el pensamiento, dice Kierkegaard, Descartes quizás ha pensado todo y, sin embargo, no ha existido en modo alguno, tal como si pensar fuera sinónimo de existir.

Charles Porterfield Krauth, un teólogo notable, lo resumió bastante bien en 1872, al redactar el asunto de esta manera: "No puede dudar quien no piensa, y no puede pensar quien no existe. Dudo, por lo que creo que yo exista".

Así que el enfoque más avanzado y tortuoso para cuestionarnos, dudar, sería preguntarnos primero si tenemos alguna duda sobre nuestra existencia. Si decimos que sí, como resultado de admitir voluntariamente tal duda, nos demostramos que podemos pensar.

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Imagen: concepto.de/pensamiento/

Y, dado que ahora hemos demostrado que podemos pensar, de hecho, existimos, y según estas reglas descaradas nos hallamos innegablemente ante un "soy", certificado que lleva un lema basado irreductiblemente en "dudo, luego pienso, luego existo".

Hay muchas formas ingeniosas y, a veces, diabólicas de jugar con este noble tema. Por ejemplo, algunos intentan argumentar que simplemente impidiendo que su mente piense, dejarán de existir. Un pequeño problema con esa teoría es que quizás que la mente siempre está "pensando", incluso cuando dormimos, e incluso, cuando entramos en un estado de meditación adormecedor y creemos haber vaciado todos los pensamientos. La mente es, potencialmente, un motor que no se detiene. Por supuesto, después de la muerte, parece detenerse decididamente. ¡Por cierto!, hay una gran cantidad de investigaciones interesantes sobre cuánto tiempo el cerebro a veces sigue funcionando a pesar de que el resto del cuerpo podría considerarse legalmente muerto. Hay bastantes dudas.

El método masónico no consiste en participar en debates estridentes e indisciplinados, tan frecuentes hoy en día y que da lugar al triunfo de la falacia y la ignorancia, sino perseguir la verdad a través de una discusión metódica y disciplinada que respeta puntos de vista alternativos, emplea la lógica y desarrolla dentro del masón una mayor habilidad para distinguir los hechos de las conjeturas: el pensamiento crítico de los librepensadores.